Amanecer rojo: la literatura juvenil de Pierce Brown

La distopía juvenil es uno de los géneros más infravalorados de la literatura. Los clichés, que ya van más allá de un puñado de situaciones y personajes, la simpleza de muchas de las obras y los valores no del todo correctos que impregnan otras han acabado infundiendo un odio hacia este tipo de literatura por parte de muchos lectores no afines al género.

Suena demasiado obvio, pero el desprecio actual hacia esta corriente demuestra que es necesario repetirlo una y otra vez: la calidad nunca ha entendido de géneros y desprestigiar un número de obras tan grande por los errores de un puñado no es sensato.

Es verdad que estamos cansados de historias que se abren paso entre grupos de adolescentes con más hormonas que neuronas, revoluciones encabezadas por quinceañeros, triángulos amorosos para que esa trama romántica quede bien tridimensionalizada y personajes expertos en absolutamente todo.

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La primera trilogía de Pierce Brown comienza abusando de esos clichés que lastran a la literatura juvenil, pero, conforme avanza la historia, la línea que la separa de la ciencia ficción adulta se va difuminando hasta volverse casi ininteligible. A diferencia de muchas obras del género, Amanecer rojo explica qué ha arrojado a la humanidad hacia ese futuro distópico. La sociedad se ha cimentado sobre la ingeniería genética y la opresión está escrita en el ADN.

La división de clases y la jerarquía de colores que Pierce Brown utiliza para dar forma a esta sociedad puede parecer un poco simple al principio, pero va mucho más allá de la extracción de helio en las minas de Marte por parte de los «rojos» y de la superioridad de los «dorados», que observan el mundo que ellos mismos han creado desde el estamento más alto de la pirámide.

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Virginia au Agustus por Grace Zhu

Pierce Brown relega la revolución a un segundo plano y dirige el foco hacia la grandeza de los dorados, esa élite que tantas veces hemos visto representada como cruel y acomodada, y que en Amanecer rojo aparece como una clase regida por el honor y la disciplina.

Los dorados descienden de los colonizadores de la Luna, aquellos que plantaron cara a la Tierra y se alzaron como vencedores tras la guerra. Son luchadores y estrategas, adiestrados tanto para obedecer como para liderar y colaborar. Son conquistadores.

Y a los brazos de esta clase dominadora es a donde Pierce Brown arroja a nuestro protagonista, Darrow, imprimiendo parte de esos valores en él. Y es que el mundo no se ve igual desde lo alto de la pirámide. No es lo mismo luchar por liberar a tu pueblo que hacerlo por alcanzar la gloria y el poder.

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Sevro por PhantomRim

Amanecer rojo es algo que más que una revolución y se aleja a pasos agigantados del resto de distopías juveniles en los dos últimos libros, Hijo dorado y Mañana azul, centrándose en la estrategia militar y política que necesitan los líderes y los conquistadores.

A pesar de las diferencias con la mayoría de novelas juveniles súper ventas, su tono sombrío y cruento, y su compleja construcción de un futuro distópico, Pierce Brown no se olvida de introducir un triángulo amoroso, varios gary stu y una competición similar a los Juegos del Hambre (a la que hay que reconocer que, sin llegar a ser a muerte, alcanza la crudeza que debería haberse mostrado en las novelas de Suzanne Collins). Y ahí está el problema. La historia de Darrow brilla donde se aleja de esos clichés tan manidos de las distopías juveniles, pero se apaga cuando recurre a ellos.

Entonces… ¿Por qué Amanecer rojo es una lectura tan recomendable? Porque brilla más veces de las que se apaga. La epicidad que rebosa toda su historia es capaz de aplastar la prosa simple y sobrecargada de frases cortas y el truco rastrero de Pierce Brown para sorprendernos con algunos giros de guion (que la novela esté narrada y en primera persona no es un inconveniente para que Darrow nos oculte información o nos engañe a conveniencia y así intentar dejarnos con la boca abierta unas cuantas páginas después).

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La canción prohibida por PhantomRim

Amanecer rojo transmite el dolor de las clases bajas y la arrogancia de las altas, la grandeza de los vencedores y el orgullo herido de los vencidos. Las conspiraciones entre las diferentes Casas de los dorados, la rebelión que se masca lentamente a lo largo de los tres libros, los duelos a muerte, las batallas tanto en el espacio exterior como en tierra, las alianzas, las traiciones y, sobre todo, este universo para el que Pierce Brown prepara una nueva trilogía son razones más que suficientes para leer la historia que Darrow nos cuenta a través de sus propios ojos.

Así que, tanto como si eres un amante de la ciencia ficción, de las distopías o de la literatura juvenil, no sé a qué estás esperando para leer esta trilogía.



Imagen de cabecera: Vadim Sadovski.

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